martes, 29 de noviembre de 2011

LA TRANSPIRENAICA EN BTT

Años después de haber comprado las alforjas y tenerlas cogiendo polvo en el trastero, la idea de hacer una travesía en BTT iba tomando forma y qué mejor que LA TRANSPIRENAICA

LA FECHA:
Del 8 al 23 de noviembre. Por historias varias tendría que posponer la ruta hasta una fecha muy tardía, lo cuál tendría sus pros y sus contras.
Como ventajas:

- El bonito color ocre que me ha acompañado durante todo el camino, gracias a los inmensos bosques de hoja caduca por los que transita la travesía.

- Una época desierta de turismo, en la que disfrutar de esa sensación de soledad. Por ello mismo se puede encontrar alojamiento a precios muy interesantes.

Como desventajas:

- Lo más probable es que las condiciones meteorológicas sean adversas y endurezcan la experiencia. En mi caso, no cogería nieve pero si bastantes días de lluvia y en consecuencia barro, caminos inundados y ramblas crecidas.

- Es necesario ampliar “el equipaje”, teniendo en cuenta el frío y la lluvia.

- Jornadas más cortas, ya que a las seis de la tarde se hace de noche.


EL ITINERARIO:

Para no complicarme mucho la vida, optaría por utilizar los mapas (escala 1:40.000) que acompañan la guía de Jordi Laparra, “La travesía de los Pirineos en BTT”, de la editorial Prames.

En ella se describen un total de 16+1 etapas con diferentes variantes para atravesar los pirineos desde el Mediterráneo al Cantábrico. No obstante, yo realizaría la travesía en sentido opuesto, por lo que me olvidaría de la guía, utilizando exclusivamente los mapas, adaptando las etapas sobre la marcha. Esto le daría un toque divertido, eso sí, se deben tener conocimientos de orientación, ya que prácticamente no existen marcas que indiquen el camino y las que hay están en el sentido habitual.

Al hacerlo de esta forma encontraría un par de cuestiones negativas:

- Mayor dificultad en los ascensos, tanto en sendas como en caminos, ya que en el otro sentido pillan de bajada y aunque sean más “heavys” son asequibles.

- Durante toda la mañana el sol pega de cara.


EL MATERIAL:

Sin entrar en detalles, ropa, bolsa de aseo, kit de reparación para la BTT, utensilios de cocina y material de acampada. En cuanto a la bebida y la comida le iría reponiendo en los distintos pueblos por los que transita la ruta.

Escogí este “método de viaje” por ser más autosuficiente y dotar de una gran libertad a la hora de pasar noche. No obstante, hay que tener en cuenta que el peso lastra mucho en las subidas, endureciendo notablemente el recorrido.


LO QUE SUBYACIÓ...

Martes 8 de noviembre

A eso de las 15:30 el Sr. Pepe-Trailer me soltaría en Irún, comenzando a dar pedales hasta el Cabo de Higuer, punto de partida de la travesía.

Muy pronto me daría cuenta de lo duro que iba a ser esto, ya que con las primeras rampas le daría a la maneta de cambio con la “triste” noticia de que ya no quedaban más piñones… Una extraña sensación de miedo motivada por aquella repentina soledad y la inquietud de no saber si podría con este reto, me acompañaría durante aquella primera noche.
Del 9 al 12 de noviembre
Restos de ramas quebradas, pequeños desprendimientos, charcos y barro dejaban claro que días atrás había estado llovido y mucho.

No obstante, durante estas primeras jornadas no tendría mayor problema con la meteorología, disfrutando del sol durante el día, con alguna tormenta nocturna.

Transitaría por bellos lugares, entre ellos, Roncesvalles, la Selva de Irati, Ansó, Echo, disfrutando de espectaculares vistas.

Independientemente de los fuertes desniveles, la mayor dificultad la encontraría en las distintas sendas y algún camino que tendría que remontar con la bici a cuestas.

13 y 14 de noviembre

A eso de las cuatro de la tarde, tras una dura jornada, alcanzaría Senegüé y tendría una brillante idea. Por qué no hacer un tramo de etapa nocturna para así adelantar recorrido y poder dormir al día siguiente en lo alto de la Sierra de las Cutas, espectacular mirador del Valle de Ordesa… Y así empezó la tortura.

En plena ascensión a la Peña de Oturia (1780 metros) se hizo la oscuridad, la noche amenazaba tormenta.Esporádicos tramos de fango daban paso a distancias más largas, cuando, de repente, me varía inmerso en un océano de lodo. Avanzar se hacía imposible, trataba de empujar la bicicleta, pero mis pies se perdían en aquel lodazal y el fango se apelotonaba en los puentes de freno, haciendo que la rueda se atascara. Progresaba de forma miserable y encima aparecían extraños caminos que me hacían dudar en cuanto a la orientación. Había que salir de allí como fuese. Después de unas dos horas interminables, al salir de una curva, un viento frío comenzaría a azotarme con fuerza… Si mi orientación no me traicionaba, había alcanzado los 1600 metros, saliendo a la parte más expuesta al viento, el terreno comenzaba a mejorar ya que habían tramos con hierva y piedras que hacían que la progresión fuera más cómoda.

Con todo ello, decidiría retroceder para estar a cubierto, plantando la tienda en un parche de hierba en medio de aquel camino. Y, menos mal que así lo hice, porque poco después comenzó la tormenta. Con las primeras luces del día esperaba poder confirmar mi situación, pero una densa niebla lo impedía. La lluvia había cesado por lo que decidí recoger e intentar salir de aquel infierno. Menos mal que andaba bien orientado y tras alcanzar la cota más alta iniciaría el descenso.

Me aguardaba, un largo camino enfangado, pero al menos se alternaba con tramos ciclables. Por fin, cerca de las dos de la tarde, llegué a Fiscal.
Estaba jodido, tanto física como mentalmente. El desconocimiento de la ruta, me generaba la incertidumbre de si el resto de caminos estarían igual, lo cuál supondría el fin de mi aventura. Y así, pensando más bien en la retirada, me dejé caer por carretera hasta Ainsa, alojándome en un Morillo de Tou.
GAME OVER!!!

15 y 16 de noviembre

Pero al despertar aquella mañana, pensé: “ya que estoy aquí…”. Y así decidí continuar la ruta por carretera un par de días, cosa que no me acababa de convencer ya que rompía un tanto la esencia de esta experiencia, pero bueno, había que adaptarse.

Aquella primera jornada de carretera me llevaría hasta Pont de Suert, superando los puertos del Collado de Foradada, Coll de Fadas y Coll de L´Espina.

Calado hasta las trancas, con bastante frío y ya sin ropa de muda, me alojaría en una pensión, aprovechando una lavandería para adecentar mi indumentaria.

Al día siguiente el tiempo me daría una tregua, alcanzando Sort, ascendiendo el Viu de Llevata, el Creu de Perves y un pequeño puerto secundario junto a Montcortes.

Puesto que me había salido de ruta original, no llevaba ningún mapa de la zona y un error me haría comerme 20 kilómetros extras, llegando a Sort a eso de las 16.30. Mi idea era probar suerte en “La Bruixa d´Or”, reponer alimentos y continuar hasta un buen sitio para acampar. Pero al llegar a la administración, una inmensa cola me retrasaría, haciéndose de noche, por lo que decidiría alojarme en una pensión de la localidad.

17 y 18 de noviembre

Los interminables 20 kilómetros del puerto del Cantó me llevarían a enlazar de nuevo con la ruta, tal y como la describe Jordi Laparra.

Eso sí, en estos dos días de carretera me había quitado cuatro etapas de la guía. Por fin, transitaría de nuevo por caminos solitarios, pedaleando hasta el anochecer, fijando el campamento en un prado cerca de Tuixen. Aquella noche sería una de las más frías, amaneciendo con la tienda cubierta de blanco a consecuencia de la helada nocturna.

El día transcurriría con normalidad, nublado pero sin llegar a descargar.
La Sierra de Cadí-Moixeró me brindaría largos caminos de una tranquilidad pasmosa, acampando en la puerta del Refugio de Rebost, que se encontraba cerrado.

19 de noviembre

Un día soleado me recargaría las baterías y tras alcanzar el Coll de Pal (cota más alta de mi travesía, con 2070 metros), comenzaría el descenso hacia la Molina y entonces un inquietante ruido proveniente de la rueda trasera me hizo frenar en seco. Había roto un radio y lo peor es que no podía repararlo, ya que era del lado de los piñones.










Con la rueda hecha un ocho, comencé el descenso hasta Ribes de Freser, lugar donde por fin encontré solución. Un par de bondadosos lugareños, dotados con las herramientas necesarias se ofrecerían a reparar la avería.
Pero la cosa no era tan fácil como parecía y ya casi a las seis, de noche, digamos que la rueda ya no era una circunferencia. Amablemente, uno de ellos, me acercaría en coche a Ripoll, donde sí había taller de bicicletas. El tendero, tras echarle un ojo me recomendaría cambiar la rueda entera para evitar futuras averías y así lo hicimos. Puesto que ya era noche cerrada, me alojaría en un hostal de la localidad.
20 de noviembre
Una vez remontados los 14 kilómetros hasta Ribes de Freser, continuaría la ruta, optando por la variante que transita por Pardines y asciende a casi 1600 en la Collada Verda.
Las durísimas rampas de ascenso me obligarían a empujar de nuevo la bicicleta.








La niebla, daría paso a la lluvia y ya a eso de las cinco de la tarde y después de descender la Vall d´en Bac me encontraría con Bruno, un chavalico que venía haciendo la ruta en su sentido habitual.
Gracias a él, nos dirigimos a la Ermita de Sant Eudald de Jou, la cual había ojeado previamente, donde pudimos dormir a cubierto gracias a la amable acogida de los propietarios que vivían en una casa anexa.








Después de tantos días en solitario, aquella tarde – noche fue más que grata, disfrutando de la compañía de todo un aventurero, el cuál ha realizado grandes travesías de hasta seis meses por maravillosos lugares, como Patagonia o India.
21 de noviembre
Aquel día continuaría la ruta hasta La Jonquera, donde decidiría alojarme en una pensión a consecuencia de la fuerte lluvia. Durante esta jornada ascendería el último puerto largo, el Coll de Riu y atravesaría la zona del embalse de Boadilla.







22 de noviembre
La lluvia no daba tregua y debido al mal tiempo había decidido llegar hasta un pequeño merendero del que me había hablado Bruno, el cuál se encontraba muy cerca de Llança y así al día siguiente que daban sol, aprovechar para terminar la aventura tranquilamente.
La etapa, corta, resultaría bastante intensa. Los barrancos venían excepcionalmente crecidos y en varias ocasiones no podría atravesarlos, debiendo buscar rutas alternativas para poder continuar avanzando.
Finalmente, llegaría al merendero a eso de las dos y aprovecharía para tomarme una tarde de relax y entre otras cosas, escribir estas líneas: “Estoy cansado, el viaje ha sido muy duro. Los fuertes desniveles, el peso de las alforjas, las inclemencias meteorológicas, mi brutal entrenamiento previo(ironía) me las han hecho pasar muy putas. No obstante, he disfrutado como un enano. Caminos inhóspitos me han conducidos por parajes preciosos, atravesando ríos, comiendo madroños, hundiéndome en el fango, caminando junto
a la bici y sus alforjas, me he remojado, he convivido con animales de todo tipo, he disfrutado de la soledad, he conocido al Sr. Bruno, en definitiva ha sito toda una experiencia. Ahora me apetece volver a casa, darle un abrazo a la Francesita, estar con los amigos, disfrutar de la familia, tumbarme en el sofá y poner la estufa, hacer esas cosas "de a diario" a las que habitualmente no les prestas mayor atención".
23 de noviembre
El sol haría acto de presencia, lo que me permitiría saborear esta última jornada. Una nueva rambla crecida sería el último obstáculo a salvar para llegar a Llança. Desde allí, la típica carretera costera me conduciría hasta Port de Selva y más tarde una pista y una senda brutal (que cogería de casualidad) me llevarían a Cadaqués.
Las fuertes rachas de viento harían un tanto desagradable el trayecto hasta Cabo de Creus, donde estaría el tiempo imprescindible para hacer las fotos de rigor, regresando a Cadaqués, para ya con más calma y protegido del viento, concluir esta experiencia con un buen baño en el Mediterráneo.
FIN

5 comentarios:

Javi dijo...

Eres una máquina. BRUUUTTTAAALLL!!!

Amistad dijo...

Increible, me han encantado las fotos y como lo narras, un 10.

Jaunte dijo...

Jooooder hermano. Eres un puto espartano!

blog O-CV dijo...

Me gusta, es una trevesia muy interesante para hacer solo o en compañia. El Otoño en Pirineos debe ser la epoca mas bonita. Gracias por deleitarnos.

Jorge David Martín Martín dijo...

Lástima que sufrieras tanto por el mal tiempo. Yo la realicé en el sentido habitual un año después que tú, la verdad es que tuve suerte con el tiempo, sólo dos dias de lluvia, pero por lo que narras.....madre mía!! Yo también estoy ahora publicando mi travesía en mi blog, por si quieres echarle un ojo. Un saludo y enhorabuena por finalizar con exito la travesía.